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Una lección de INNOVACIÓN PARA LA EMPRESA: W.A. MOZART

Una lección de INNOVACIÓN PARA LA EMPRESA: W.A. MOZART
abril 10
11:29 2017

Por José Javier Salutregui Pacios

Limpio, puro y cristalino, con estos tres adjetivos se define la poética musical Mozartiana. Basta comprender que la interpretación de cualquier línea musical del gran maestro requiere una finura, delicadeza y técnica que son desbordantes para muchos de los grandes intérpretes, los de siempre y los de ahora. Todos aquellos que de alguna manera se han enfrentado a cualquier pentagrama de su literatura musical se preguntan el porqué de esa complejidad invisible y la respuesta se deja intuir. Una mezcla de conocimiento, experiencia y prueba – error continuo nos hacen ser conscientes de la extrema dificultad de su interpretación. Lo curioso de todo esto es la aparente facilidad que irradian sus partituras, realmente los recursos musicales que utiliza son básicos, sus aspectos formales son prácticamente de libro, pero y ahí está su gran virtud, lo esperado nunca aparece porque es una sucesión de belleza inesperada, perlas que se descubren ante cualquiera que sepa escuchar, modelos que vienen de un eterno ejercicio de búsqueda y descubrimiento. Sencillez y complejidad de manera simultánea e inmediata y puro descubrimiento e inventiva en su secuencia discursiva.

 

El gran misterio de este gran maestro se encuentra en su propia actitud emprendedora e innovadora; conocimiento de su oficio, agudeza de medios, distribución inteligente de sus recursos e inventiva continuada a lo largo de toda su acción artística para emprender o lo que es lo mismo; acometer y comenzar algo, tomando el camino con resolución de llegar a un punto introduciendo novedades.

 

¿Por qué el Salieri de turno no llegó donde Mozart llegó? es algo que está relacionado con esto que estoy describiendo, que no es más que la actitud de búsqueda, compromiso e innovación que se da en cualquier aspecto de desarrollo del ser humano, sea en el arte o en el mundo de los negocios y la política. El dotarse del don necesario para la creación de belleza, en el caso de la poética y creación artística, está vinculado a la actitud de emprender, encontrar, buscar, arriesgar y no solamente del buen hacer del excelente profesional del oficio correspondiente que posiblemente no pase de realizar cosas tremendamente correctas. (No es de corrección de lo que va este artículo, que obviamente es un aspecto realmente importante en cualquier ámbito, es de posibilidades de reinvención, de articulación de nuevos caminos, de descubrimientos posibles, de sostenibilidad inteligente…).

 

Vean esta escena, seguro les sonará,

https://youtu.be/YoYjj0FbOXs

 

La actitud de emprender e innovar es algo consustancial al ser humano, pongamos el ejemplo de aquel/los primer/os grupo/s de homínidos humanos que poniéndose erguidos consiguieron miles de años después llegar a la luna. Me refiero a que si estamos en la cúspide de la cadena trófica es entre otros muchos aspectos por la actitud de nuestra especie ante el hecho de la supervivencia y la reproducción y la consiguiente innovación y desarrollo en los planos más básicos de nuestra existencia.

 

Y si esto es así, por qué seguimos preguntándonos donde está el secreto para emprender e innovar. Las obras de Mozart son escasas, lo sublime de Mozart es intangible y la realización de su poética necesita de tiempo y desarrollo para alcanzar y consolidar su interpretación. No será entonces que nos preguntamos tanto por el encuentro del emprender e innovar porque esa actitud es tremendamente escasa, porque cuando se da es intangible y porque como toda fuerza potencial necesita de tiempo de espera para su desarrollo y consolidación.

 

¿Encontraremos paradojas de la propia estructura político económica que ahora ha caído en la cuenta de la fuerza de esa actitud? No olvidemos esto; el valor constructivo mozartiano se debe a la sencillez y complejidad que se da de manera simultánea e inmediata y del puro descubrimiento e inventiva que se encuentra en su secuencia discursiva y temporal, o dicho de otro modo, valor potencial intangible y tiempo de desarrollo del mismo, reconocimiento explícito de ese valor intangible y mecanismos estructurales que lo hagan posible, repito entonces, ¿encontraremos paradojas de un sistema político – económico inalterado por décadas que ahora ha caído en la cuenta de la fuerza de esa actitud emprendedora e innovadora?

 

  1. Primera paradoja; algo consustancial al ser humano es terriblemente escaso en la empresa.

 

  1. Segunda paradoja; algo extremadamente necesario para nuestra propia supervivencia es extremadamente inexistente como valor personal en nuestra sociedad

 

  1. Tercera paradoja; algo que está dotado de valor intangible no es reconocido por ninguno de los eslabones de la cadena de valor de cualquier sector en nuestra sociedad como realmente diferencial, único y valioso.

 

  1. Cuarta paradoja; no existe tiempo para la espera, negocio es todo aquello que requiera esfuerzo contenido, poco tiempo de desarrollo y conlleve siempre márgenes galopantes.

 

  1. Quinta paradoja; El grupo de homínidos humanos que prefiera seguir al grupo de liderazgo que iniciar su propia andadura se reservará siempre los peores frutos, se antepone el suicidio colectivo a la supervivencia del grupo.

 

  1. Sexta paradoja; El que innova tiene rango y campo de interacción, esto es; en nuestro país la actitud de innovar está relacionada con la edad joven, la actividad académica recién licenciado y la experiencia empresarial básica. Una barbaridad y para muestra un botón.

 

 

 

Volvamos al gran maestro, uno de sus grandes dones es la de convertir la relación entre el tiempo y la materia sonora en algo transcendental, tempo artístico lleno de plenitud y sentido. Es decir, convertir aquello que para el común de los mortales es la acción del discurrir del tiempo (no importa sea tiempo plegado a lo natural o al uso productivo del mismo por las sociedades capitalistas) en espacio lleno de transcendencia. Tempo en definitiva que nace de la espera, del desarrollo del material poético en el transcurrir del discurso musical. La idea se dibuja y se realiza porque en definitiva se sabe esperar. Don Giovanni en su grito de libertad, libertad hace propia la idea de la promesa incumplida, o el terreno viscoso y denso de un tiempo transcendido hecho tempo poético, que como cualquier peón de una partida de ajedrez es capaz de convertirse con capacidad, inteligencia, innovación y estrategia en la figura elegida capaz de hacer cumplir el objetivo del juego; emprender e innovar para sobrevivir. Se emprende y se innova en el arte para transcender, para convertir lo esperado en territorio poético e inexplorado, surcando los caminos de otros territorios dotados de un sentido diferente al que esperábamos encontrar. Se emprende y se innova en el arte para sobrevivir y convertir lo realizado en universo artístico fuera de la corrección esperada y asimilada con prontitud. Se emprende y se innova para llegar al objetivo del juego.

 

Esa es la actitud de supervivencia y de adaptación real al entorno, sea este más o menos competitivo, porque no es la competencia la que incide en esa actitud, en todo caso supone una presión hacia el florecer de esa actitud, es el ejercicio en libertad de la creatividad de las personas en el ámbito que proceda, entendiéndose creatividad como el mirar oblicuamente hacia lo establecido como dogma y norma consolidada y desarrollar el potencial de ese ejercicio de libertad creativa, lo que incide realmente en la actitud de emprender e innovar.

 

Y esa actitud con mayúsculas la encontramos en un icono de nuestra cultura occidental y por extensión de la figura mozartiana, universal. Emprender e innovar, si desde este punto de vista entendemos mejor sus sonatas para piano o cualquiera de sus óperas, seremos capaces de cultivar la actitud necesaria para romper todas y cada una de las paradojas que antes he descrito. Porque el medio y el contexto existen, pero son las personas las que piensan y construyen la invención. Lo importante no es saber y entender cómo se emprende o como se innova, lo importante está en el paso anterior, en ser capaces de emprender e innovar y aún en otro paso anterior, personal, íntimo y solitario, tener la actitud de emprendimiento e innovación dotándonos de la libertad personal y conocimiento suficiente y necesario para la creatividad, sin miedo a lo establecido como dogma y norma consolidada en ese momento, temporal y finita, es decir con caducidad, para desarrollar el potencial de ese ejercicio de invención.

 

¡Libertad, libertad que viva la libertad! – Don Giovanni.

 

https://youtu.be/7CQBbOuz1BM

 

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José Javier Salutregui Pacios

http://musicayempresa.blogspot.com.es/

 

 

 

 

 

 

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