TodoManagement

Noticias

 Últimas noticias

Música y crecimiento personal

Música y crecimiento personal
octubre 18
10:58 2017

Por Juan Pablo Lopez de la Rosa

Cuando comencé el curso que me llevó a certificar como coach, nunca imaginé que en a la tercer hora de cursada, nos iban a pedir que nos sacáramos los zapatos y siguiéramos las coreografías que nos indicaba un profesor de biodanza. Yo iba preparado para revisar partes de mi forma de ser que hasta ese momento no me había atrevido. Pero usar la danza como elemento para esto estaba totalmente fuera de mis expectativas. La biodanza es un sistema de “auto-desarrollo”, creado por Rolando Toro Araneda, que utiliza los sentimientos provocados por la música y el movimiento para profundizar en la conciencia de uno mismo. Su objetivo es promover la integración de uno mismo con sus emociones y expresarlas.

Por su parte, el coaching ontológico es una práctica que busca ayudar al coachee a resolver o lograr algo que no está pudiendo hacer por sus propios medios. Lo hace a través de la escucha y la indagación al coachee, bajo el supuesto de que las personas somos observadores que poseemos tres dominios: emoción, lenguaje y cuerpo. Luego de la interacción con el coachee, el coach le muestra al mismo una interpretación y le propone una actividad que le permita vivenciar esos tres dominios para, finalmente, mostrarle cuáles son las creencias, condicionantes y forma de ser que pueden estar limitándolo para lograr ese resultado que no puede. De esta forma, el coachee se lleva nuevas herramientas y miradas para volver a intentar lograr eso que no podía. Cuando ocurre esto, decimos que en el coachee se produjo un aprendizaje transformacional, brindándole nuevas posibilidades para el logro de su objetivo.

Este ciclo puede repetirse ilimitadamente, por eso podemos decir que el coaching ontológico permite la transformación personal a través del aprendizaje de nuevas e ilimitadas posibilidades.

De lo comentado, quiero destacar tres palabras clave: transformación, aprendizaje e ilimitado.

Volviendo a la experiencia por la que pasé, a medida que fui avanzando en mi certificación, fui tomando conciencia del poder que tenían estas tres cosas: que podía transformar mi mundo, que para eso debía estar abierto a aprender nuevas cosas y que a partir de esto, las posibilidades eran ilimitadas, porque no sabemos de lo que somos capaces.

Comencé tomando mayor contacto con mis emociones, mi corporalidad y mi lenguaje, los tres dominios del ser humano que la ontología del lenguaje se propone explorar, tanto en el coachee como en el coach, a fin de incrementar el conocimiento de uno mismo y de qué cosas pueden estar hoy limitándonos a lograr cosas que queremos.

crecimiento musical

Además de la parte metodológica, filosófica y teórica, los principales medios para que el aprendizaje ocurriera fueron los ejercicios individuales de reflexión sobre lecturas y prácticas, ejercicios grupales, prácticas de coaching y los ejercicios de biodanza durante los talleres.

Para llegar a las reflexiones que quiero compartir, debo agregar un dato y es que canto desde los 7 años y toco la guitarra desde los 13. Si bien nunca estudié formalmente, puedo tocar y cantar un variado repertorio de canciones populares, tanto propias como ajenas. También vale la pena agregar que vengo de familia de músicos, donde mi padre, músico, compositor y docente, mi abuela, docente de música, y mi hermana, musicóloga, directora coral y docente, podrían demostrar, que la inteligencia musical está presente en mis genes y que ya se está viendo en mis hijos de 5 y 7 años.

Volviendo a la certificación como coach, durante los casi dos años que me llevó, tuve muchas oportunidades para reflexionar sobre lo que pasa con la música, la transformación, el aprendizaje y las posibilidades y además renové completamente mi vínculo con ella.

La primera reflexión significativa que me condujo a estas líneas, tuvo que ver con aplicar el concepto de los tres dominios del observador, cuerpo, emoción y lenguaje, en mi mirada hacia el mundo del arte. Esto era algo que hacía mucho tiempo que me pasaba con este mundo, pero no podía explicarlo. Desde mi adolescencia, el arte representó para mi el mundo de la bohemia, y al decir bohemia, en mi se representaba todo lo contrario a un estilo de vida organizado y asentado, por lo tanto, predecible. Poder entrar en contacto con mis dominios, me permitió comprender esto y porqué, a pesar de tener una vocación artística, siempre le rehuí a todo lo que se acercara a esta concepción que yo tenía del arte. A pesar de haber nacido en el seno de una familia en la que me hubieran alentado a seguir el más extraño de mis sueños artísticos, los mismos mandatos y miedos familiares, hicieron que no me pareciera una buena idea. Entonces, volver a “amigarme” con el arte y ahora bajo la mirada de la ontología del lenguaje, me llevaron a comenzar a prestar atención a letras de canciones, a textos, a guiones de series o de películas, a reflexionar en lo que le pasa a un artista cuando se expone a su público, en lo que quiere expresar a través de su arte, etc. Lo que articulé como idea fue que los artistas, como observadores, suelen desarrollar mejor los tres dominios mencionados, porque los utilizan para expresar su arte, y el desarrollo de cada dominio aumenta en la medida que más lo utilice. Por eso, aquellos que son intérpretes, que utilizan los tres de manera más homogénea, logran desarrollarlos y/o tomar consciencia de ellos más homogéneamente también.

Al observar al artista, encuentro alguien que, a través de su arte, pone de manifiesto el desarrollo de estos ámbitos de una forma fácilmente observable.

Esta reflexión surgió porque siempre me pareció, sobre todo los actores y cantantes/músicos, que tenían esta capacidad de estar en mayor contacto con su emocionalidad y su corporalidad (aún no había incorporado la distinción del dominio del lenguaje), capacidad que admiré toda mi vida y de cierta manera me atraía a practicar. Pero al mismo tiempo no compartía la forma de vida que en general representaba para mí esa “bohemia” del mundo del arte y tampoco sentía auténtico intentar comportarme de esa forma.

Hoy puedo decir que bastaba con comprender que practicar una actividad artística me permitiría desarrollar los dominios de la emoción, la corporalidad y el lenguaje, y mejorar la consciencia y el balance entre ellos para comprenderme mejor, crecer y actuar más auténticamente en coherencia con ellos.

Una vez que articulé esto, comenzaron a aparecer otros aportes a que enriquecieron esta mirada.

El primero apareció en un curso de entrenador de entrenadores, donde Carlos Sandoval, reconocido coach Chileno y autor del libro Reyes, Magos y Guerreros, nos propuso a los participantes, usar uno de los métodos que usan los actores para prepararnos al momento de comenzar a dar un curso o una charla. El método consiste en que antes de entrar en escena, un actor realiza un pequeño acto el cual él denominó “centrarse”, y no es más que pararse con los pies paralelos, las rodillas levemente flexionadas, con los hombros en posición relajada, los brazos sueltos y realizar una respiración profunda. Este acto, es sólo para ponerse en situación y, de alguna manera, dejar atrás todo lo que venimos pensando o nos esté influenciando para poder hacer una buena performance. Luego, para lograr la emocionalidad del personaje o situación que va a interpretar, debe comenzar a respirar de acuerdo al patrón que esa emocionalidad requiere. Esta práctica como metodología de actuación, proviene de las investigaciones de Susana Bloch, psicóloga y psicofisióloga Chilena quien descubrió que existen patrones respiratorios y posturofaciales de las emociones básicas. A su vez, demostró que que una emoción puede iniciarse a partir de cambios en la respiración y en la postura de rostro y cuerpo. A partir del desarrollo de estos estudios creó un sistema que permite la inducción y modelación emocional.

Estas investigaciones, tuvieron su aplicación en el mundo de la actuación, pero el uso de la respiración y la corporalidad para el logro de una meta no sólo impactan en ese ámbito, sino que también lo hacen en otras artes interpretativas, como el canto y la danza, y además, también lo hacen en otras disciplinas como el deporte o la psicología, demostrando que la coordinación de respiración, emocionalidad y corporalidad, pueden ser muy potentes a la hora de lograr un resultado, incluido el aprendizaje. Algunos ejemplos de esto, se pueden ver en las técnicas de canto, las de biodanza, las del saque en el tenis o la patada a los palos en el rugby, donde estas tres variables son críticas para lograr el objetivo deseado y la práctica durante el aprendizaje.

Y no es casual que haya traído la práctica como parte del proceso de aprendizaje. Porque tomé contacto con las investigaciones sobre células neuronales espejo, descubiertas por el equipo del neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti, que incorporan la importancia de estas células en la imitación y, por lo tanto, de la práctica en el aprendizaje. Son estas células las que nos permiten imitar mientras intentamos adquirir una nueva habilidad. Porque cuando practicamos, imitamos a quien nos enseña o a quien nos queremos parecer al lograr la habilidad practicada. Y a su vez, cuando usamos esa habilidad, lo hacemos de acuerdo a como aprendimos al imitar, para bien o para mal. Esto incluye los tres dominios que mencionamos, es decir, que se pueden lograr mejoras en la corporalidad, el lenguajes e incluso la emocionalidad si se practica a tal fin.

Entonces, si practicando podemos lograr o mejorar cualquier actividad que queramos realizar, eso da sensación de poder y que no sabemos hasta dónde podemos llegar si nos lo proponemos.

Cuando hacia el fin de la certificación, donde la practica era constante para incorporar el proceso teórico, que, al trabajar con emociones y personas, pensar que el proceso es siempre igual y que siempre funcionan las mismas cosas, sería un error, esta idea cobró mucho sentido para mi y comencé a repasar todas las disciplinas y habilidades que incorporé o mejoré gracias a la práctica sistemática.

A esto, le agrego que las neurociencias nos dicen que nuestro cerebro y nuestra mente no son lo mismo y que su funcionamiento e interacción condicionan mucho nuestro accionar, de tal forma que constantemente nos dictan qué hacer basados nuestros instintos de supervivencia, en los caminos que siguen los impulsos eléctricos que viajan de una a otra terminación nerviosa y en la fisiología de nuestras hormonas. Por lo tanto, la práctica constante de aquello que queramos lograr es fundamental para vencer esa zona de confort en la que nuestro cerebro y mente intentan quedarse.

Guillermo Echevarría, coach, músico y autor del libro Cómo hacer que las cosas pasen, ante un comentario mío sobre un bloqueo para componer que yo sentía, me decía que igual compusiera, aunque fuera algo que no me gustara o me pareciera malo, porque si dejaba de practicar, entonces mi actitud sería la de no intentar siquiera. La tarde misma en la que me dijo eso, logré desbloquearme escribiendo una letra de la que me siento particularmente orgulloso. Por supuesto, nunca más paré de intentar y fue el empujón final para decidirme a escribir estas líneas.

A partir de ese momento comencé a investigar, leer y escuchar todo tipo de información relacionada con la música como vehículo para el logro de un objetivo.

Encontré que neurocientíficos han estudiado y estudian el funcionamiento del cerebro cuando se escucha música y están sorprendidos de la cantidad de zonas del cerebro que se estimulan. Al procesar ritmo y melodía, además de las emociones que puede producir la música, se activan muchas zonas del cerebro a la vez y logran unificar la sensación que produce a quien la escucha.

Pero cuando estudian el cerebro de aquellos que se dedican a interpretar y tocar algún instrumento, se puede ver la cantidad asombrosamente rápida de procesamiento de información en secuencias complejas que realizan.

Aunque estas investigaciones son relativamente nuevas, los neurocientíficos pueden afirmar que tocar un instrumento involucra casi todas las áreas del cerebro a la vez, especialmente el cortex visual, auditivo y motor. Y como cualquier otro ejercicio, la disciplina en la práctica estructurada de tocar música, fortalece las funciones del cerebro, lo que permite que aplique esa fortaleza en otras actividades.

El intérprete de música logra combinar habilidad para controlar las funciones de los dos hemisferios cerebrales: precisión lingüística y matemática (recordemos que la música occidental tiene una lógica básica que nació de las matemáticas en la Grecia antigua) en el izquierdo, y la creatividad e innovación en el derecho. Por eso, tocar música, aumenta el volumen del cuerpo calloso del cerebro, el puente entre los dos hemisferios, permitiendo que los estímulos se muevan por el cerebro más rápido y por más ruta. Eso permite a los músicos, resolver problemas en forma más rápida y creativa. Utilizando tanto herramientas académicas como sociales.

Debido a que interpretar música, implica conocer su contenido emocional y un mensaje, los músicos suelen tener un mayor desarrollo de la función ejecutiva, una capacidad que involucra tanto el desarrollo de estrategias, la planificación y la atención a los detalles.

Esta habilidad, también impacta en nuestro sistema de la memoria. Los músicos pueden ordenar mejor su memoria clasificándola según se trate de conceptos, emociones, sonidos o contextos, lo que le permite “buscar” mejor.

Entonces, continuando con el razonamiento de que la práctica va creando nuevas conexiones entre las células nerviosas, no es raro que se recomiende a los niños la práctica de cualquier actividad artística como complemento a la educación formal, pues estimula la actividad del cerebro favoreciendo el aprendizaje formal.

Pero interpretar música, no sólo estimula la capacidad de aprender, sino que también estimula la creatividad y por lo tanto, la innovación. Jose Javier Salutregui Pacios, músico y especialista en estrategias de experiencias de clientes, entre otras especialidades, en su libro “Musica y Arte, Creatividad Consciente” presenta el poder disruptivo de la música y el arte, cómo una lente a través de la cual revisar el mundo de las organizaciones y el liderazgo. A continuación enumeraré algunas de las competencias del músico que José menciona y de las cuales se puede aprender en el mundo de las organizaciones:

La escucha activa, en la interpretación individual o conjunta y en la composición

  • La capacidad para las relaciones de equipo
  • La construcción cocreativa, el pensar de manera conjunta, la creación compartida, el valor añadido de la suma de miradas oblicuas y la falta de miedo a lo diferente.
  • La innovación (pone a Beethoven de ejemplo)
  • La eficacia (pone a Mozart vs Salieri de ejemplo)
  • La confianza y el respeto mutuos (pone de ejemplo a Barenboim)
  • El aprecio por lo diferente (pone el fenómeno de las disonancias como ejemplo)
  • Belleza exterior y funcionalidad (pone la construcción de los violines Stradivarius vs el iPhone)
  • La improvisación constructiva (pone los conjuntos de jazz vs las metodologías agiles)
  • La mejora continua (la práctica y la composición como ciclos PDCA de Kaizen)

Por otro lado, la práctica de la interpretación musical, así como muchas otras disciplinas, requerirán del uso de las habilidades motoras. Ya mencionamos que la práctica misma favorece su desarrollo, pero siempre hay un inicio, donde el practicante está comenzando y paulatinamente va incorporando la técnica. Algunas disciplinas requieren mucha más coordinación y habilidad, así como tiempo o práctica. Pero siempre me llamó la atención el papel fundamental que juega la respiración para el logro de un buen resultado. Ya mencioné el saque del tennis y la patada a los palos en el rugby, como dos ejemplos en los que la consciencia de la emocionalidad, corporalidad y respiración combinadas pueden hacer una gran diferencia en el resultado. Se me ocurren muchos más ejemplos y seguramente al lector también se le ocurran otros tantos donde estos factores contribuyen al desarrollo de una disciplina. Pero quiero detenerme en el ya mencionado ejemplo del canto como una interpretación musical en la que esta combinación es fundamental pero sobre todo, la respiración. Cantar requiere emoción para darle a la canción el sentido que buscó su autor y corporalidad para que nuestro organismo pueda producir el sonido deseado, pero no se podrán lograr ninguna de las otras dos sin una buena respiración. Tomar clases de canto es una experiencia en la que se pone en juego todo lo que expusimos anteriormente.

No sólo la práctica del canto puede resumir lo antedicho. La Bioenergética, una corriente de psicología creada por Alexander Lowen, propone el uso de la respiración y corporalidad para lograr la mayor autoconciencia y sentirnos libres para lograr hacer lo que nos hace felices. Una de los aportes fundamentales que hace es la idea que no hay emoción que no se corresponda con una reacción en el cuerpo. Por eso, la terapia bioenergética, propone agregar ejercicios a la sesión, y uno de ellos, que es el ejercicio emblemático de esta terapia, requiere de realizar respiraciones profundas para liberar tensiones ocultas e, incluso, provoca que a veces el paciente emita sonidos vocales de muy alto volumen y movimientos respiratorios en la zona del diafragma, ambos involuntarios. Con este ejercicio y otros más, también se logran poner de manifiesto y tratar la emocionalidad y lenguaje, muchas veces inconscientes, del paciente. Al liberar esas tensiones corporales, provocadas por emociones bloqueadas, el paciente se libera de lo que lo está frenando para poder sentir o hacer lo que quiere y así acercarse a su felicidad. Esto quiere decir que, con los estímulos adecuados, nuestros dominios pueden alcanzar desarrollos mucho más allá de los límites que creemos que tienen.

La descripción de los ejercicios bioenergéticos que hace Lowen en su libro El Gozo y la liberación que se siente al practicarlos, me recordaron lo que se siente tocar y/o cantar en vivo para un público, grande o pequeño, donde el artista está expuesto en cuerpo, emoción y lenguaje ante la audiencia. En esos momentos, el artista pone todo de sí para ofrecer una interpretación artística y donde, si logra soltarse completamente, se expresa con todo su ser de manera auténtica. Si ha trabajado en desarrollar sus dominios y ser consciente de ellos, logrará el equilibrio, en contraposición a los excesos de expresividad a la que algunos artistas nos tienen acostumbrados. Al agregar todo lo antedicho en este texto, podemos decir que esta experiencia siempre lo transforma, en cuanto vive la respuesta del público, en cuanto a lo que siente cuando interpreta y en cuanto a lo que aprende para mejorar en futuras interpretaciones. También tiene el poder de transformar al público lo que puede darle aún más sentido a eso que quiere ofrecer. Y si llevamos este proceso hacia atrás y hacia adelante, comenzando desde la preparación de la interpretación y finalizando en el reconocimiento que puede obtener por la misma, se lo puede asemejar a un proceso de desarrollo personal.

Como conclusión podemos decir que lograr consciencia de nuestros dominios, emoción, corporalidad y lenguaje, nos estimula a hacer lo que necesitamos para lograr nuestros objetivos. Esta práctica nos transforma y por lo tanto nos permite crecer indefinidamente como individuos potenciándonos. Para lograr esta consciencia, la práctica sistemática y constante de la música aparece como una forma integral de contribuir a dicho crecimiento.

Finalmente quiero citar a Jane Austin, la novelista británica. Para mí una coach adelantada a su tiempo, que supo comprender el mundo que la rodeaba y expresarlo en emoción y lenguaje, dejando varias novelas que dan cuenta de cómo se puede transformar un individuo a una mejor versión de sí mismo. Para comprenderlo, basta repasar los títulos de sus dos primeras obras: “Sensatez y sentimiento” y “Orgullo y prejuicio”. Justamente en esta última, aparece un diálogo interesante entre sus dos protagonistas, Elizabeth y Mr. Darcy, donde luego de hablar de las ventajas de la práctica para tocar mejor el piano, Mr. Darcy se disculpa de su  incompetencia para las relaciones interpersonales, actitud que ponía en tela de juicio su buen nombre. Mr. Darcy le manifiesta que él haría todo lo que estuviera a su alcance para mejorar en esa habilidad, a lo que Elizabeth le recomienda que para lograrlo, debe hacer lo mismo que él sugiere: “Practicar”

 

Juan Pablo Lopez de la Rosa

lopedelarosajp@hotmail.com

Artículos relacionados