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¿Qué podemos aprender en la empresa de Winston Churchill?

¿Qué podemos aprender en la empresa de Winston Churchill?
julio 10
15:09 2018

Por Hugo Brunetta

Siempre he sido un admirador de Winston Churchill, un fan, y cuanto más estudio su obra, más creo que su estilo de pensamiento podría ser aplicado a las empresas, bien podríamos decir que su forma de actuar es pasible de convertirse en metodología. Por supuesto, no estoy diciendo que podemos o debemos ser el, alguien que podía dormir solo cuatro horas por día y mostrar más vitalidad que cualquiera y ya ceca de los 70 años.

Un personaje a mirar, por todo lo bueno y lo malo. Siempre urgido por una supuesta falta de tiempo, ya desde pequeño pensando que no iría a vivir mucho, forma de ser que jamás cambiaría y por supuesto que el apuro muchas veces nos lleva a tomar malas decisiones, sobre todo cuando no había razón para precipitarse.

Sir Winston Leonard Spencer Churchill, (palacio de Blenheim, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965) fue un político y estadista británico, conocido por su liderazgo del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial. Es considerado uno de los grandes líderes de tiempos de guerra y fue primer ministro del Reino Unido en dos períodos (1940-45 y 1951-55). Podían quererlo u odiarlo, estar de acuerdo con el o no, pero nadie discutía su brillantez, y como todos los genios, muchas veces incomprendido y como todos los incomprendidos muchas veces no tenía razón. Era humano.

A lo largo de su carrera, Winston Churchill fue, en repetidas ocasiones, el hombre más criticado y el más popular en Inglaterra, y muchas veces, sucedían las dos al mismo tiempo. Fue considerado por muchos como el último de los grandes gobernantes. Además de ser recordado por ser un gran estadista, también es reconocido por una sorprendente habilidad para predecir acontecimientos futuros, como sucedió en la I Guerra Mundial.

Cuando hablamos de estilo de liderazgo referido a Sir Winston Churchill, me viene una de sus tantas celebres frases a la cabeza: “El problema de nuestra época es que los hombres no quieren ser útiles sino importantes”, y por más que mucha gente en su época lo haya acusado de buscar la victoria personal, soy un convencido que nunca antepuso sus intereses personales a los intereses generales de su país, sin embargo, se convirtió en protagonista, en principio porque nadie más supo ni pudo serlo. La mayoría de los seres humanos desean ser hombres y mujeres importantes, no útiles, y eso es lo que hace que muchos hombres y mujeres no sean ninguna de las dos cosas; de esta forma, el mundo entero tiene una superpoblación de personas no muy útiles para la sociedad y sin dudas nada importantes.

Sir Churchill, era un hombre de convicciones y valores, fiel a sus principios, pero sobre todo fiel a las personas de su país. Es que, ¿cómo podría convencer a la gente de que arriesgue la vida por su país si el mismo no estaba dispuesto a hacerlo? ¿Cómo un líder de empresa, puede pedir a sus subordinados que se queden a trabajar más tarde si el mismo sale tempranos con sus palos de golf? Se que los ejemplos, no tienen paralelismo, pero estoy graficando pequeños detalles que hacen a la vida en la organización. Predicar con el ejemplo es un concepto tan trillado como poco utilizad. Se dice, pero no se hace.

Churchill mostró los valores que debe mostrar cualquier líder de empresas. Churchill actuó con resolución y fe en la victoria contra toda evidencia (autoconfianza). Buscó la batalla y la victoria con determinación y perseverancia (orientación a resultados y motivo de logro). Inspiró a los británicos a resistir y atacar con fiereza (liderazgo), devolviéndoles la fe en sí mismos. Encarnó los sentimientos de toda su nación (empatía) demostrando que sufría con ellos y que con ellos tendría el coraje de sobreponerse.

Claramente, sus competencias eran:

  • Confianza en sí mismo
  • Orientación a resultados
  • Pensamiento de corto, mediano y largo plazo
  • Imponer respeto, autoridad.
  • Empatía
  • Pensamiento estratégico
  • Planificación táctica en todos los niveles
  • Anticipación de escenarios
  • Dirección de personas
  • Rápida sobreposición frente a una derrota
  • Poder de oratoria

 

Pero casi todo, es consecuencia de algo. Partiendo desde su infancia descubriremos que la vida de Churchill es un claro ejemplo de superación personal, siendo las claves de su éxito la perseverancia, la honradez, saber cambiar a tiempo y adelantarse a las circunstancias. Con todo en contra, halló en su interior la fuerza para no rendirse jamás.

Por supuesto, no todas eran virtudes, humano al fin. Impaciente como pocos, disperso algunas veces, terco otras, podía descartar buenas ideas no porque fueran contrarias a las suyas, sino porque “las suyas eran siempre mejores”. Convicción, a veces demasiada. Desordenado en sus planes, producto de su misma ansiedad. Todas cualidades, que hacen daño a una empresa cuando su líder las posee.

Pero, la peor de todas sus cualidades, sin dudas era la dificultar que tenía para delegar y confiar en su gente. Quería estar en todos los detalles, hasta los mínimos, hasta en cuestiones que él sabía bien que no eran de su especial conocimiento. Y esto también podemos aprender de Churchill, cosas que no están bien a la hora de gerenciar una empresa.

El “británico más destacado del milenio”, según sus compatriotas, ¿fue sólo el héroe de la resistencia contra Hitler? Sin dudas que no. Los miembros del Estado Mayor comparables a un directorio de empresa, ponían férrea oposición cuando Winston se encaprichaba con planes que a todas luces no eran viables. Este tipo de personalidad suele triunfar muchas veces por su falta de sentido común, porque hacen lo que nadie espera, pero también esta falta de sentido común puede jugar y de hecho muchas veces lo hace, totalmente en contra.

Encontrar el equilibrio es la clave.

 

Hugo Brunetta

Hbrunetta@nexting.com

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