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La Efectividad y el Bienestar Personal de los Gerentes de Proyectos

La Efectividad y el Bienestar Personal de los Gerentes de Proyectos
noviembre 30
16:57 2018

Por Edgardo Oscke

Cuando invito en mis charlas a que me cuenten donde ponen su foco, su mayor energía y su cabeza a la hora de liderar proyectos, en su mayoría aparecen cosas tales como: cumplir con los objetivos planificados de tiempo y costos, cubrir las expectativas de los clientes internos/externos, contar con procesos más ágiles y eficientes, soluciones más amigables para los usuarios (para el caso de proyectos del área de IT), crecimiento profesional, ganarme el incentivo económico prometido, etc.

Todos estos relatos suelo agruparlos en lo que denominamos objetivos, metas o resultados que esperamos lograr al culminar un proyecto.

Acto seguido a esta experiencia, suelo preguntar cuanto de lo que aquí relataron depende exclusivamente de ellos lograrlo, cuánto de estas metas está cien por ciento a su alcance. Y después de algunas idas y vueltas y conversaciones mediante, concluimos que ese porcentaje ronda entre el 5 y 10%.

Y a partir de esta conclusión nace la pregunta que nos invita a la reflexión: ¿Por qué si solo entre el 5 y 10% depende exclusivamente de uno para lograr esas metas, nuestro foco y energía están orientados a los resultados y objetivos que anhelamos alcanzar? ¿Dónde está el 90 o 95% restante?

La respuesta a estas dos preguntas a mi juicio tiene su origen en la forma que fuimos educados, de nuestras experiencias pasadas, de los paradigmas y creencias culturales que muchas veces heredamos de nuestros ancestros y de los discursos históricos y sociales que inconscientemente se incorporaron de alguna manera en nuestra forma de desenvolvernos y actuar.

Detrás de estos resultados que procuramos alcanzar aparecen cosas como: obtener reconocimiento, tranquilidad por haber alcanzado los objetivos, liviandad personal, etc; es decir, aparece nuestro mundo emocional que personalmente lo resumiría como la búsqueda de nuestro bienestar o felicidad.

Entonces, podemos concluir que aparece aquí un paradigma cultural que vivimos en absoluta transparencia y que nos viene a mostrar que para SER, primero tenemos que HACER, para luego TENER y como resultado de esto lograr nuestro propósito mayúsculo: “la felicidad”.

Ejemplos de esto a la hora de liderar proyectos serían:

Planificar el proyecto (HACER), para luego lograr su aprobación y lanzamiento (TENER) y finalmente con esto (SER) reconocido por el trabajo realizado,  Gestionar los riesgos que surgen del propio proyecto (HACER), para minimizar impactos en tiempo y costos (TENER) y así finalmente lograr por ejemplo tranquilidad (SER) producto de la incertidumbre que me provoca cada vez que un riesgo aparece.

Pero si bien todos trabajamos en nuestros proyectos para alcanzar objetivos y resultados, desde esta mirada nos olvidamos de las relaciones personales con nosotros mismos, de éstas con los demás y de poner énfasis en nuestros propios aprendizajes.

Bajo el paradigma arriba enunciado (HACER/TENER/SER) creemos que todo nuestro bienestar está ahí afuera, que la verdad a nuestra felicidad radica en nuestro mundo exterior. Y educados bajo esta creencia, es bien coherente que busquemos conectarnos con nuestra mayor felicidad, reconocimiento personal, paz interior, liviandad, etc persiguiendo resultados que no dependen cien por ciento de nosotros.

Siguiendo con la dinámica de mis charlas, surge casi con exclusividad la pregunta: Y ahora que vemos esto, ¿cómo seguimos, donde está el nuevo camino posible? Y mi respuesta es guiarnos por cuatro preguntas posibles que invito siempre a que reflexionemos juntos:

  1. ¿Cuáles son mis objetivos, qué resultados me gustaría tener en este proyecto que estoy iniciando? 2. ¿Quién voy a ELEGIR SER durante la búsqueda de estos objetivos? ¿Elegiré ser una persona positiva, honesta, comprometida, humilde, respetuosa, apasionada por el trabajo que elegí llevar adelante? 3. ¿Cómo quiero que sea mi relación con los demás durante el transcurso de este proyecto? ¿Elegiré que sea colaborativa, capaz de escuchar al otro, empática, servicial, compasiva, de aceptación de que otros pueden opinar distinto a mí? 4. ¿Qué puedo aprender de mis experiencias durante este proyecto? ¿Cuán humilde voy a ELEGIR SER a la hora de aprender de mis errores?

Dado que nuestro modelo de éxito también se sostiene en el paradigma de HACER/TENER para luego SER, es impensado que a la hora de preguntarnos donde está nuestro foco durante la gestión de proyectos, surjan respuestas tales como: me divertí con lo que hice, fui humilde, escuché a los demás sin dar consejos y aceptándolos, no quise tener la razón a la hora de resolver un conflicto, fui compasivo y estuve al servicio de los demás, como para citar algunos ejemplos.

Y desde esta mirada, a mi juicio nos relegamos como seres humanos perdiéndonos en la búsqueda del mundo exterior. Es como pensar que mi plenitud recién estará garantizada cuando eso que me propongo en términos de resultados a lograr en mis proyectos se cumpla.

Este modelo de éxito no solo responde a la búsqueda exterior de objetos materiales. También podemos sumar cosas como: títulos, ascensos, reconocimientos profesionales, liderar proyectos de mayor envergadura, ser suficientemente buenos Gerentes de Proyectos, suficientemente buenos líderes de equipos de trabajo, etc.

La propuesta es transformar la creencia de que para SER primero tengo que HACER y TENER. ¿Y de qué forma? Muy simple, eligiendo quien quiero SER ante cualquier circunstancia del mundo exterior. Esto nos invita a animarnos a liberarnos de creencias que nos limitan al momento de lograr resultados efectivos basados en el bienestar personal. Quien voy a elegir SER cuando un

sponsor del proyecto está ansioso y nos demanda trabajo para ayer, quien voy a elegir SER cuando surge un conflicto de interés entre dos personas del equipo, quién voy a elegir SER cuando un proveedor no cumple con sus compromisos, en definitiva, ¿QUIEN VOY A ELEGIR SER CUANDO PASE LO QUE PASE? Esta pregunta nos ayuda a poner nuestra mayor energía en nosotros mismos, y dejar de poner foco en el resultado, en las metas, en lo que no podemos controlar.

Y en esta simple elección nace lo que llamamos el PROTAGONISTA. Este personaje no es ni más ni menos que la persona que ante un determinado hecho, evento o circunstancia del mundo exterior, apela a su capacidad de ELEGIR quien va a SER. Esta capacidad de libre albedrío no es un tema menor, es una capacidad inherente a cualquier ser humano y que se diferencia con la figura de la VICTIMA que juzga que todo le sucede, que ve la culpabilidad en el afuera, que se juzga inocente e incompetente para responder y que para que algo cambie otros tienen que actuar de manera distinta.

Este nuevo paradigma cultural es muchas veces resistido. ¿Y por qué? Simplemente porque no fuimos generalmente educados para convivir con aquel que piensa distinto, nos cuesta aceptar que el otro tiene una mirada diferente, discutimos procurando tener la razón, ser dueños de la verdad. Y porque muchas veces confundimos creer tener la verdad en vez de mirarnos y decir “Yo veo esto”, y que lo que observamos tiene más que ver con nosotros que con el afuera.

Te invito a que te animes a vivir esta nueva experiencia con la capacidad que siempre tuviste, y ahora de manera consciente, de quien vas a ELEGIR SER ante cada circunstancia, y así traer tu mejor versión al momento de liderar tus proyectos.

Esta iniciativa nos invita a definir nuestros objetivos y acto seguido soltarlos y poner foco en lo que depende cien por ciento de nosotros, las relaciones con los demás y nuestro aprendizaje durante el transcurso de nuestros proyectos. Y veremos así, casi por arte de magia, como los resultados esperados se cumplen y adicionalmente adivina qué: “disfrutamos el camino”.

 

Edgardo Oscke

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