TodoManagement

Noticias

 Últimas noticias

Soy Solo

Soy Solo
octubre 09
11:35 2019

Por Leo Piccioli

(Este artículo dio nombre a un libro que tomó vida propia)

Después de 950 semanas recibiendo un sueldo de la misma empresa, acabo de terminar la primera sin ingresos. Sin ingresos, sin empresa y sin oficina. Mis amigos creen que estuve todo el tiempo en ropa interior viendo Netflix, pero no.

El segundo día hábil de la semana, el martes, decidí ir a buscar las cosas a mi oficina (perdón, mi ex-oficina). Ya estaba ocupada. Y hasta la habían pintado durante el fin de semana. Estaba radiante, con otro; como si nunca hubiera sido mía. Dejaron mis cosas en seis cajas, pero yo solo quería unas poquitas: las fotos y todas las credenciales de eventos en donde expuse. Les dejé cinco.

-¿Alguna crisis? -le pregunté a Flor, quien fuera mi secretaria y desde hace años responsable de quejas.

Me miró con una sonrisa de ternura.

-¿Tengo que aprobar una Orden de Compra? -insistí, con Lisandro.

De nuevo silencio.

-¿Tengo que firmar algo?, ¿el website está online? -no me rendía.

Ok, estaba claro: no necesitaban de mí.

El miércoles lo intenté de nuevo en mi oficina de San Pablo (perdón una vez más: ¡ex-oficina!). Todo funcionaba perfecto allí también.

Una parte de mí sintió orgullo. Pero también un vacío: no soy indispensable. Confirmado.

El cementerio está lleno de imprescindibles

El Auto Fantástico

Como parte de la “jaula de oro” en la que estaba, la compañía me había dado un auto genial. Lindo, seguro y cómodo, casi me había enamorado de mi Audi. Fue una de las cosas que tuve que dejar. Fuera de las cinco cajas, claro.

¿Me compro un auto o no? Para empezar, hice lo que cualquier empleado corporativo con dos dedos de frente haría: un Excel. El análisis era súper claro: si Uber funciona, un auto es un gasto inútil. Sin Uber y viajando en taxi, también.

Pero igual, aún con esa claridad matemática, me resistía y no entendía por qué. Hasta que pensé que yo mismo sostuve que el Excel nos está matando y no nos dimos cuenta. Y ahí encontré que hay tres factores emocionales involucrados: por un lado, la “seguridad” de tener el auto listo cuando haga falta; por otro, el “placer” de manejar; y, en última instancia, el “estatus” de ser poseedor de auto. Pensé bastante y me di cuenta de que el primero pesaba mucho en mí, con mis hijos viviendo a 50 km de mi casa, además de que manejar me gusta. El lunes mismo decidí que quería un auto. Y todo esto sin pensar en que como introvertido, no siempre me encanta interactuar con un chofer de taxi.

Aún en las decisiones más matemáticas, conviene dejar un espacio para el lado emocional

Fui a varios concesionarios Audi para reemplazar el de la jaula de oro por otro exactamente igual. Aún cuando me ofrecían uno idéntico, no terminaba de convencerme. Había algo raro. El martes pasé por la puerta de un local de Peugeot. Y me acordé del último auto que había tenido: un Peugeot 206, que adoraba. También pensé en mi viejo y su Renault 12 que cambiaba cada cuatro o cinco años… ¡por otro Renault 12! El Audi quedaba cada vez más lejos. Me encanta, pero es mucho dinero para este momento en el que no tengo tantas certezas como solía -o creía- tener. Elegí volver al Peugeot. Y pensé: “Si me va muy bien y todavía quiero un A3, lo cambio”.

Es mucho más fácil empezar de abajo y hacer un upgrade que al revés

Crowdhelping

Durante varios años tuve un blog que me dio muchas satisfacciones, pero cuando en enero de 2013 me hice cargo de Brasil, el tiempo se hizo más escaso: dejé mi show de Standup Comedy y de escribir.

Un poco antes de salir de la empresa retomé una pasión: escribir. Empecé sin saber muy bien si tendría valor para los demás y me topé con sorpresas inesperadas, como la versión en inglés de ese artículo sobre Líderes desarrollando mejores Líderes, que tuvo miles de lectores.

Y el domingo pasado escribí mi artículo bisagra, probablemente el más leído de toda mi vida. Tanto, que a las dos horas de publicado ya tenía gente de India y EE.UU. pidiendo que lo traduzca. Me sorprendió, me llenó de orgullo y me dio placer porque estaba compartiendo algo de acuerdo a mis valores.

También me llenó de contactos y consultas. No soy un gurú, ni lo quiero ser. Solo quiero ayudar. Entonces, traté de responder todo lo que recibí. Y, a cambio, obtuve más generosidad. Muchos leyendo más artículos o compartiéndolos; conversando conmigo. Muy gratificante.

Nadie me paga por escribir. Lo hago para compartir. El solo hecho de publicar me da placer. Pero ver que se replica, que hay comentarios, que a la gente le gusta, me muestra también que hay valor para los demás. Y esto es muy importante para mí.

A veces me da mucha fiaca (pereza) escribir. Muchos me dijeron que debería tomarme un sabático, pero quiero mantener el ritmo semanal. Esta vez soy yo el que les pide ayuda y los consulto: por favor, sigan leyéndome y compartiéndome y sigan orientándome (en privado, a través de un mensaje, o en público, con comentarios) sobre qué les resulta útil e interesante y qué no.

Mostrarse vulnerable es disruptivo en esta sociedad: somos todos vulnerables y valoro mucho tu ayuda.

 

¿Soy solo?

En mayo de 2018 publiqué un Libro con este mismo nombre, “Soy Solo – Historias Honestas de Liderazgo para ser Feliz en el siglo XXI y más allá

 

Leo Piccioli

leopiccioli.com.ar

Artículos relacionados